| Testimonio de Rosabel Hola, me llamo Rosabel y tengo 39 años. Soy de Asturias, España. La historia que les voy a contar no es cuento de hadas, sino más bien todo lo contrario... Todo comenzó un frío invierno, a finales del año 1991. Tenía para entonces 29 años y acababa de hacerme una histerectomía total (por hemorragias y cólicos). Creí que así acabarían mis problemas de salud, pero nada más lejos de la realidad. A los pocos meses comenzó el calvario. Siempre me despertaba con dolor y una gran rigidez. Las mañanas eran agotadoras, tenía dolores generalizados por todo el cuerpo (desde la cabeza hasta los pies). Apareció en mi un cuadro de poliartralgias (medicina interna). Es aquí cuando comenzó mi gran pesadilla de la cual tengo secuelas, tanto físicas como psíquicas. Recorrí numerosas especialidades de la medicina en busca de ayuda y lo que me fui encontrando fueron diagnósticos de depresión y ansiedad, producida por mi operación de matriz (al no poder volver a tener hijos). Lo cierto es que al principio me lo creí, pues las diferentes pruebas decían que todo era normal, aunque mi cuerpo me transmitía algo distinto. Comenzó el tiempo de cambios y ajustes en mi vida, dejé mi trabajo de auxiliar de geriatría. Cada día se me hacía más difícil comenzar a funcionar, sobre todo por las mañanas. Tenía un niño de 5 años al que casi no podía coger en brazos. Aún recuerdo su carita cuando me veía todo el día tumbada, no como otras madres con sus niños en el parque y etc. Me sentía tremendamente inútil: me atiborraba de calmantes, antidepresivos, relajantes musculares... ninguno me hacía efecto. El psiquiatra me decía que todo estaba en mi mente. Tenía que encontrar una solución, así que como la seguridad social ya no me hacía caso, comenzaron las consultas privadas. Encontré quién por fin me dijo que yo no estaba loca... Me hizo una serie de pruebas, Tac y Resonancia magnética y me dijo que tenía una hernia discal. Les aseguro que fue el día más feliz de mi vida, por fin sabía lo que tenía. Fui intervenida de la hernia en febrero de 1996, no desapareciendo el dolor y apareciendo parestesia en la pierna derecha. A los pocos meses ingresé en el hospital con una limbociática aguda. Al año y medio se me practicó una artrodesis de la L5 hasta la S2 con tornillos, injertos y placas. El médico me dijo que la recuperación sería muy lenta, pero el dolor seguía... Entraba y salía del hospital contínuamente. En una prueba se me detectó una lesión en el hígado (por tanto Paracetamol que había tomado) que se llama hemangioma hepático. Como pueden imaginar mi estómago, hígado y vejiga están dañados tanto por los medicamentos como por las operaciones. Me propuse por mi cuenta contactar a un buen fisioterapeuta y cuando vio mi historial me indicó que intentaría ayudarme. Me puso varios tratamientos: termoterapia pulsátil, láser, T.E.N.S., digitopuntura, masoterapia profunda, estabilización, osteopatía, mejorando de mi estática y de la ambulación (caminar), pero siempre persistiendo el dolor y la atrofia muscular. En la actualidad tengo gran dificultad para iniciar la micción, apreciándose en los estudios urodinámicos detrusor hipocontractil, pendiente de otras pruebas. Diagnosticada con fibromialgia, durante años nadie me supo decir qué enfermedad era esa y para colmo otros decían que no existía. Persistiendo los dolores es cuando empiezan a darse cuenta de que todo es debido a la fibromialgia. Luego de que fui tratada injustamente por la falta de interés, después de tres operaciones innecesarias, de haberme podido quedar en una silla de ruedas, de sentirme impotente ante la indiferencia de los médicos. Después de pasar por todo doy gracias a Dios porque acabé en la Unidad del Dolor. Fue aquí donde encontré apoyo y mucha comprensión, aunque no es la solución a la fibromialgia. Me colocaron un resorvorio epidural, pero no por la fibromialgia sino por las tres operaciones de columna. Este artefacto me administra morfina y me quita el dolor, pero no la rigidez. He pasado de ser, según las pruebas, de una persona sana a una minusválida con el 67% de incapacidad. Como pueden imaginar hace tiempo que no trabajo y necesito ayuda para las labores domésticas. Mis años de sufrimiento no pueden borrarse, ni pueden devolverle a mi hijo la madre que tenía antes, como todas las madres con sus hijos. La vida me ha llenado de frustración e incomprensión y esto se lo debo no sólo a los médicos sino también a la familia. Ojalá que aparte del cuerpo se den cuenta algún día de que también se debe cuidar el alma. Es la incomprensión la que más nos destruye, más que la propia enfermedad. Al decirle a nuestros familiares que todo está en nuestra mente, cómo nos tratan y nos evitan. Todo esto contribuye a que nuestros familiares se pongan en contra nuestra. A quién se debe creer, al que siente los dolores o al profesional que muestra pruebas evidentes y te dice "todo está en tu cabeza, no podemos ayudarte?" Hoy, casi 11 largos años después me han propuesto que cuente mi historia. Como verán, las historias no siempre tienen un final feliz. Pero entre tanto dolor y lágrimas he encontrado horizontes nuevos y apoyo en enfermos como yo, que están luchando por este reconocimiento. A este cuento le falta ese final feliz, que conseguiremos entre todos. Pedir que al menos esta navidad alguien nos escuche y agradecer a los profesionales que hoy, desde estas jornadas nos muestran su apoyo, pues esto para nosotros es muy importante. Esperemos que pronto aparezca el remedio a tanto sufrimiento. Agradezco a la Dra. Lourdes Cueva y al Dr. Cipriano Fernández, médicos en la Unidad del Dolor del Hospital de Cabueñes, por el trato recibido. Ellos me devolvieron la ilusión por la vida. Y muy especialmente a mi hijo ADRIAN... MI GRAN TESORO. Esta es mi historia, la que he querido denunciar para que esto no vuelva a repetirse con ninguna persona. Atentamente: Rosabel Pd. Espero que después de mi mensaje los médicos piensen más en que somos personas, no animales de experimentos. Testimonio expuesto en jornadas sobre la fibromialgia ante reumatólogos, psicólogos, neurólogos y abogados laboralistas.
|